Boletín informativo Estrella Maili

Boletin del 2005-06-22

Bienvenidos a una nueva edición del boletín de la Fundación Estrella Mailí.

En este boletín gratuito, encontrará artículos, historias, poemas, bibliografía, enlaces a otras páginas web que ofrecen recursos para personas, especialmente padres, que viven un proceso de duelo. Es un espacio para expresar sentimientos y compartir experiencias...

En esta edición del boletín de la Fundación Estrella Mailí les ofrecemos...
  1. Nota del editor
  2. Carta a Alejandra – Hilda Márquez
  3. El cuarto de Mariana – Gisela Luján
  4. Causalidad – Anjí Carmelo.
  5. Extracto de “Lessons From The Light”. George Anderson y Andrew Barone.
  6. Libros: El camino de las lágrimas

Les recordamos que pueden ver los boletines anteriores en www.estrella-maili.com

=============== ARTICULOS COMPLETOS ===============

1)Nota del editor

Si hay algo que he aprendido en esta vida es que las cosas suceden cuando estamos listos para recibirlas y no cuando pensamos que las merecemos. Los enrevesados hilos de un evento que impacta nuestras vidas puede haber comenzado a tejerse en otro lugar y tiempo, sin tener nosotros la más mínima conciencia de su existencia. Tenemos limitaciones físicas y mentales para comprender que la energía universal, divina, provee en el instante preciso en que estamos preparados. No antes. Nuestros seres queridos seguramente están orquestando estos eventos y enviándonos señales que muchas veces no percibimos por nuestra impaciencia y poca fe.
Seamos pacientes, tengamos fe y abramos nuestro corazón y mente para aprender a interpretar estos mensajes sutiles y recibir la abundancia del universo.

2)Carta a Alejandra – Hilda Márquez

Para mi adorada hija Alejandra a casi 7 meses de que me dejaste:
Este 6 de Junio cumplirías 15 años de vida, de una vida que fue truncada, una vida llena de sueños y esperanzas, pues amabas tanto la vida, una vida que sirvió para hacerle un homenaje a la existencia humana, me dejaste y ahora yo vivo sin ti por inercia...... VIVO es verdad amor mío... vivo entre sombras y quejumbres por tu ausencia....Vivo y le gruño a la vida por tu ausencia, y con lágrimas pregunto, realmente ¿VIVO?...No hay respuestas, ni palabras, el día llega, la noche avanza y yo danzo encadenada... mi vida continúa, colores desechos son gasas que entre nieblas me acogen sin descanso vivo. ¡Sí! Vivo aquí sin tu gracia ¡a qué precio vivo!... Vivo de recuerdos y tu voz me amenaza cuando llega la tarde y desconsolada vivo en momentos prestados de recuerdos, aunque me desgarre estoy aquí sostenida de tus alas, sueño, que no me despierte nadie amor mío. No quiero despertarme y ser tirada en el presente. Déjame dormir este sueño brindado de amor continuo, te abrazo, te beso, siento tus caricias. ¡No me despiertes amor mío! Vivo así entonces entretenida y entres nubes sin sumar distancias, sin tocar en vivo, floto así entre nubes en tu luz envuelta. ¡Sí amor mío! Así vivo..... Vivo pensando en tu cara, en tu olor, en tu sonrisa....Vivo queriendo recordarte así viva,.....veo tu cara en cada niña de tu edad, en la cara de tu hermana Fer. Vivo llena de dolor aunque pasan los meses, vivo y quiero seguir reviviendo en mi corazón, sentir como me acaricias, sentir su calor desde donde estés. Yo vivo para que me veas y aunque llore a lágrima viva ¡aún vivo!. ¡Sí! mi amada hija, vivo, pero tu eres parte de mi vida y sin ti ya nada es igual.... quiero que sepas vida mía, que es un honor para mi ser tu mamá, es un placer haberte conocido, y tener la dicha de tener entre mis brazos al ser mas divino de la tierra.
Gracias por tu dulzura, gracias por tanto amor, por darme el privilegio a mí, de ser tu mamá. Te amo con el alma vida mía, mi corazón se desgarra por ti, mi Alejandra.

yayi_marquez@hotmail.com

3)El cuarto de Mariana – Gisela Luján

Después de 5 años de haber cerrado la puerta y haberme despedido de nuestro hogar en Venezuela, los avatares de la vida me han llevado de vuelta a ese querido lugar. Está de nuevo vacío y es preciso revisar y arreglar los desperfectos que los años implacables han dejado en este espacio, una vez habitado por nuestra familia.

He pasado muchas semanas con mariposas en el estómago anticipando mi reencuentro con esta parte tan importante de mi pasado. He repasado una y otra vez diferentes situaciones posibles en mi mente que han despertado en mí sentimientos, algunos de los cuales yacían semidormidos en mi corazón. Otros me acompañan en mis horas de vigilia revoloteando como mariposas y durante la noche reposan en mi alma, invadiendo muchas veces mi sueño.

Finalmente ha llegado el día tan esperado y temido por mí. Es el día de volver a mi antiguo hogar. Introduzco la llave en el pomo de la puerta y le doy vueltas: una, dos... Sonrío al sentir en la cerradura el defecto que tan bien conozco. No se puede introducir la llave hasta el final. Es necesario sacarla un poco para poder abrir. Tomo nota mental de este detalle que habrá que arreglar mientras abro la puerta de par en par y me quedo por unos minutos en el umbral respirando hondo. Mis ojos se enceguecen con la luz que entra a raudales por el ventanal de la sala. Mis pisadas retumban sobre el piso de madera y me dirijo sin pensar hacia el balcón, que ahora luce desnudo sin la frondosa vegetación que antes poblaba la jardinera. Me acerco con paso vacilante a la barandilla del balcón que me llama insistentemente y cuyo llamado no puedo desobedecer. Me inclino y miro hacia abajo, tratando de ubicar el punto exacto donde aquel fatídico día, hace 6 ½ años, comenzó el “después” en mi vida. Han pasado algunos años y aunque todavía siento el zarpazo del dolor, el monstruo no luce tan atemorizante como lo había imaginado.

Me separo de la barandilla del balcón, dirijo mis pasos al pasillo que conduce a las habitaciones y voy abriendo una a una, las puertas de los cuartos: el nuestro, el de Mauricio y por último el de Mariana. Entro y cierro la puerta porque quiero estar con ella... con mis recuerdos en su cuarto. Al cerrar la puerta observo las marcas de pegamento que quedaron adheridas a la pintura de la puerta; restos de innumerables afiches, calcomanías, envoltorios de dulces preferidos, fotos de amigos, que Mariana cuidadosamente pegaba detrás de la puerta de su cuarto. Allí quedan las señales, como una prueba fehaciente de su paso por este mundo. Las toco con cuidado, aunque no es necesario porque ya forman parte de la superficie de la puerta, y voy recordando la ubicación exacta de algunos de estos objetos. Abro la ventana de par en par, sintiendo la suave brisa que entra trayendo fragmentos de conversaciones, carcajadas, música, gritos y llanto. Todavía el pino se erige alto y espigado, agitando sus ramas al viento, como un testigo solitario de tantas vivencias en esa habitación. Ese árbol, igual que yo, ha sobrevivido a Mariana y ¡quién sabe si me sobrevivirá también! Busco ávidamente frases que allá y entonces fueron escritas en los marcos de las ventanas, desaparecidas ahora; quizás lavadas por lluvias torrenciales, típicas del trópico, o bajo repetidas capas de pintura. Recuerdo especialmente la que más me gustaba, escrita por una de sus amigas: “Mariana, you were an angel on earth. Are you one in heaven?” (“Mariana, eras un ángel en la tierra. ¿Eres uno en el cielo?”)

Abro las puertas del armario y un olor conocido asalta mi memoria. Es el olor a vainilla de una vela que prendía todas las noches en el cuarto de Mariana, después de su muerte, como parte de mi ritual. Aspiro y la esencia de vainilla penetra cada célula de mi cuerpo. Quiero llevarme ese olor conmigo... sentirlo una y otra vez cuando esté de nuevo a miles de kilómetros de distancia. Puedo incluso escuchar el sonido de la llama consumiéndose noche tras noche en una esquina de la habitación. Me veo sentada al borde de su cama, mente y corazón vacíos, haciendo un esfuerzo sobrehumano para no sucumbir ante el dolor.

Abro las gavetas una a una y veo a Mariana adolescente cuando en un intento desesperado de poner orden a su atolondrada vida, decidió colocar etiquetas en las gavetas para clasificar su contenido: ropa de dormir, ropa de deporte, camisetas, etc. Todavía puedo leer en los restos de una etiqueta, las palabras “ropa de colegio”. Me siento en un rincón de la habitación, cierro los ojos y reconstruyo en mi mente, imágenes, sonidos y olores. Veo a Mariana pequeña jugando al colegio con sus muñecas. Puedo ver cómo estaban arreglados sus libros, sus CD, su escritorio, donde pasaba largas horas haciendo sus tareas escolares. Puedo escuchar su voz nítidamente recitando fragmentos de lecciones memorizadas de historia, la materia que más le disgustaba, y mi alma se siente reconfortada porque olvidar la voz de Mariana ha sido uno de mis más grandes temores.

Abro los ojos y el contacto con la realidad de la habitación vacía, me trae de regreso de mi viaje en el tiempo. Me incorporo con lentitud mientras observo de nuevo las paredes vacías que pronto serán cubiertas de pintura nueva. Las voces en mi mente comienzan a oírse cada vez más lejanas y de pronto se callan. Me dirijo hacia la puerta, la abro y salgo de la habitación de Mariana cerrando la puerta con suavidad, como si quisiera evitar perturbar a los fantasmas del pasado que viven dentro de esa habitación. Sonrío de nuevo. Un sentimiento de ternura me invade al darme cuenta de que esos fantasmas viven dentro de mí y me acompañan siempre, como sombras silenciosas que han ayudado a moldear mi existencia.

Este reencuentro con mi pasado no ha sido tan duro como lo había anticipado. La tristeza y la nostalgia que no me abandonan, han dejado hoy espacio para la ternura. Mientras regreso a la puerta de entrada, sintiéndome liviana y reconfortada, pienso en todo el camino que he recorrido en estos 6 ½ años. Pienso también que he venido a buscar a Mariana en nuestro antiguo hogar... pero Mariana no está en ese cuarto, ni en ese apartamento. Como dice Rabindranath Tagore: “Está en mis pupilas, está en mi cuerpo, está en mi alma.”

4)Causalidad – Anjí Carmelo.

Ven a sentarte
al lado de este río silencioso
y observa tu renacimiento.
De las cenizas y lágrimas de ayer
surgimos
dejando atrás
miedos y máscaras,
inútiles
bajo el sol abrasante del desierto.
Ven a refrescarte
en este río tranquilo
y observa el nacimiento
de tus futuros océanos.

5)Extracto de “Lessons From The Light”. George Anderson y Andrew Barone.

Envía Norma Randazzo: damianrandazzo@ciudad.com.ar

SUICIDIO: ¿Por qué?

Es el esqueleto que todo ser humano tiene colgado en su placard. Cada religión tiene su punto de vista, pero la luz infinita no juzga ni castiga. No hay infierno, solo amor incondicional. Siguen aprendiendo cosas hermosas, sin presiones ni recriminaciones. Ellos saben que deberían haber solucionado sus problemas aquí, pero que allá no son juzgados, ya que en ese momento su mente no razonaba para tomar decisiones. Son muy bien recibidos en unos campos de SERENA HERMOSURA. El suicidio, es recibido en el cielo como una enfermedad de mente y espíritu, en vez de física. Ellos necesitan nuestro perdón. Nosotros no sabemos cuál fue su último pensamiento antes de morir. Ellos ahora están libres de confusión y siempre a nuestro lado, aprendiendo muy cerca de Dios. Ahora son capaces de ver con claridad la solución a los problemas que acá no podían solucionar.

6)Libros: El camino de las lágrimas

El camino de las lágrimas, es “el más duro de los caminos”. El sendero del dolor, del duelo y de las pérdidas. Y aun así, un camino imprescindible. Porque no se puede seguir el rumbo si no podemos dejar atrás lo que ya no está con nosotros.

Jorge Bucay, El camino de las lágrimas. Barcelona: Editorial Grijalbo

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¡Hasta la próxima, amigos!

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