Boletín informativo Estrella Maili

Boletin del 2010-03-23

Bienvenidos a una nueva edición del boletín de la Fundación Estrella Mailí.

En este boletín gratuito, encontrará artículos, historias, poemas, bibliografía, enlaces a otras páginas web que ofrecen recursos para personas, especialmente padres, que viven un proceso de duelo. Es un espacio para expresar sentimientos y compartir experiencias...

En esta edición del boletín de la Fundación Estrella Mailí les ofrecemos...
  1. Vuelta a la vida - Ernesto Pérez Reyes
  2. Reflexión – Mahatma Gandhi
  3. Envía DEBBIE MARRERO
  4. Mensaje de Adriana
  5. Poema – Cantares Mexicanos
  6. Envía Teresa
  7. Historia de Martha
  8. Extracto del libro \"Timbuktu\", Paul Auster

Les recordamos que pueden ver los boletines anteriores en www.estrella-maili.com

=============== ARTICULOS COMPLETOS ===============

1)Vuelta a la vida - Ernesto Pérez Reyes

Las grandes ausencias
Dicen que el ser humano está preparado para superar cualquier dolor, cualquier perdida, menos la muerte de un hijo, biológicamente es un contrasentido, la lógica indica que los hijos deben enterrar a sus padres, pero ¿quién ha dicho que la lógica es perfecta y que las cosas suelen suceder siempre de la misma manera?
He vivido esta amarga experiencia, que reflejo no para el dolor, ni resurgir del sufrimiento, sino para comentar desde mi punto de vista real de los hechos y sucesos que viví y explicar cómo he podido ir saliendo del profundo hoyo de desinterés, desgano, incredulidad, hastío y desesperanza que produce la muerte absurda, cobarde, injusta, inmerecida e irracional de un hijo menor de edad,
Creo que es posible volver a vivir, aceptando la cruda realidad de los hechos y disponernos a planificar un largo viaje por un camino plagado de obstáculos, de penas, de desafíos, atravesar un desierto inmenso e interminable, cruzar un mar convulsionado, agitado y rebelde, colocar los pies sobre la tierra dirigir; la mirada al cielo e implorar a Dios, nuestro padre creador, ayuda, fortaleza, misericordia y fe para no desfallecer ni detenernos sino para llegar al horizonte de luz donde iniciaremos nuestra nueva vida.
Hay que dar el primer paso, lentamente, dolorosamente, pero se puede recuperar el sentido de la vida, lógicamente que no como antes, el ayer quedo atrás, pero podemos rehacer nuestra vida, renacer, en un mundo que consideramos absurdo, volver a vivir, con nuestras debilidades, nuestras penas, nuestras condiciones, así se puede continuar la vida cuando creemos haber perdido el sentido de la misma, en un momento que invadidos por la confusión, el dolor, la duda y la depresión causada por tan absurdo acontecimiento lleguemos a creer no tener válidas razones para continuar.
Este testimonio, no procura dar consejos, ni ser ejemplo de nada, al final cada duelo es personal, cada uno lo asume según sus propios criterios y razones, pero una cosa sí es necesaria, moldeado el sufrimiento y aceptada la realidad debemos expresar nuestra solidaridad, el apoyo a todos aquellos padres, que han vivido la amarga experiencia de perder un hijo sin que la vida le dé razones que expresen o justifiquen este hecho para nosotros irreal, absurdo y sin sentido, para ello ofrecemos una mano amiga, no un consuelo, sino una mano de apoyo, porque no estamos solos, lamentablemente no es a nosotros a los únicos que nos ha pasado, ese es el mundo en el cual vivimos y donde debemos despertar de esta pesadilla que es tan real que nos ahoga el alma, nos exprime el espíritu y nos trastorna a extremos que solo nosotros podemos concebir, por ello debemos buscar caminos para superar el sufrimiento, para vencer el dolor, para no terminar convertidos en prisioneros de nuestro padecer , vivimos una realidad que tenemos, debemos, podemos y necesitamos enfrentar, para no convertirnos en seres débiles, implorando compasión, o lastima, sino que desde lo más extremo de nuestro ser saquemos fuerzas espirituales, divinas, humanas para asumir nuestro mundo y enfrentarlo para no convertir a nuestro hijos ausentes en verdugos de nuestra existencia sino en dulces y amados compañeros eternos de nuestra nueva manera de vivir.
Este camino escabroso necesita solidaridad y comprensión, apoyo de nuestros familiares, de otros padres que hayan perdido un hijo, de amigos, cada quien vive su mundo y cada quien tiene sus problemas, nuestra pareja, nuestro hijos, ellos también afectados tan igual que nosotros, es necesario entenderlos. Ellos también viven su dolor y enfrentan este desierto.
En mi caso, Leida ha sido una soporte y apoyo tan apreciado junto a mis hijos, que hemos podido entendernos y saber que la vida nos enseñó esta carta marcada, nos jugó con trampas pero no nos amilana, y en mi caso particular, ellos después de Dios y mi propio esfuerzo e indeclinable decisión han sido fundamentales en esta recuperación, igualmente la relación que mantuve con Ernestico, fuimos amigos, compañeros, se fue en el momento que más lo necesitaba, lo extraño como a nadie, pero no para sufrir, no para retroceder, lo llevo conmigo, lo tengo ms presente que cuando estaba físicamente a mi lado, en todo lo que hago él me ayuda. Le pido su apoyo y lo siento , ahora sonrío cuando lo evoco y me siento afortunado de haberlo tenido y de haber compartido con él sus proyectos y sueños. Desde su ausencia física, al superar la tortura de haberlo perdido, espiritualmente nos hemos convertido en compañeros inseparables e imprescindibles. Por ello digo gracias a Dios santo, grande y poderoso. Gracias a Leida, gracias a mis hijos, a mis hermanos, a mis vecinos, a mis alumnos. Gracias Ernestico, tú sabes que tal como fuimos, seguiremos siendo hasta que mi tiempo en este mundo se cumpla y si hay otra dimensión donde tú puedas estar y yo acudir, entonces avanzaremos unidos hasta el final de los tiempos, llenos de felicidad, alegría y amor.
Ernestico creció tan rápido que casi no me di cuenta. A mi lado, joven, fuerte, alegre, ocurrente, inteligente, amoroso y sano, se convirtió en mi mano derecha, mi compañero inseparable en casi todo lo que era mi mundo de actividad. Era el natieco. Por ello siempre pensé que entre todos mis hijos él representaba el apoyo más importante cuando el atardecer de mi vida llegara. Entonces contaría con su mano, segura y fuerte en la cual me apoyaría para sostenerme, avanzar lentamente y despedirme feliz pasados el otoño e invierno de mi existencia. Sucedió lo contrario. Al irse prematuramente, cerré las puertas de la imaginación, me quedé sin motivos, con la sensación de un final oscurecido, implorando fuerzas para subsistir, todas aquellas cosas que compartíamos y hacíamos juntos tuve que reprogramarlas y comenzar de nuevo y sin él, hecho por demás demasiado doloroso, incomprensible y profundamente afectante. Su ausencia me ha enseñado que el tiempo no es exacto ni perfecto, que el hacer es hoy, que nadie sabe si el mañana será como lo piensa o lo desea, que la vida es una caja de sorpresas y que deberíamos estar preparados para asumirla. Como muy bien lo describe John Lennon: “La vida es lo que va a sucederte, no te empeñes en hacer otros planes.”
Cuando el tiempo va pasando y sentimos que los dolores aminoran, siempre hay un momento donde pareciera volvemos al punto inicial. La evocación de un lugar común que compartimos, un chiste que celebramos, alguna actividad que realizamos, nos regresa a aquel conjunto de vivencias que ya no existen. Entonces sentimos ese puntada de dolor en nuestro pecho, nos cubre la nostalgia y la tristeza y aflora una lágrima en nuestros ojos que se nublan como reflejo indescriptible que la relación con el hijo ausente es eterna y para siempre. Ese momento personal, íntimo, que nadie ve, que nadie percibe, forma parte de nuestra nueva vida. Es parte de esa otra piel con que recubrimos nuestro ser y que únicamente Dios, la memoria del hijo ausente y nosotros podemos asimilar y entender a cabalidad.
Estas reminiscencias siempre ocuparán un lugar privilegiado en mi ser, pero no pueden permanecer latentes como un látigo que azota nuestro corazón y nuestra alma, porque nos hacen mucho daño. Las podemos mantener en lo más profundo de nuestro corazón, pero es necesario convertirlas en realidad y saber que son sólo eso, para no ser egoístas con nuestras propias penas, no obsesionarse con los apegos, ni idealizar a nuestro hijo ausente, porque eso nos convierte en prisioneros de una causa que terminar por avasallarnos y destruirnos y eso en el fondo es una injusticia con el hijo, que si estuviera con nosotros su felicidad más grande seria vernos sanos y libres de penas. Pues hagamos honor a su memoria y por él y por nosotros propongámonos vencer la oscuridad y buscar la luz que el primero que nos dar la fortaleza para ello ser ese hijo que tanto anhelamos y por quien tanto haríamos y daríamos por volverlo a tener.
Todo es importante y todo tiene su tiempo como señala el Eclesiastés: evocar, sentir, sufrir, llorar, la nostalgia es parte de ese nuevo mundo que nos toca tan cerca, que nos sirve de escuela, de enseñanza. Esa es la vida; así es la existencia. No la vamos a cambiar ni a transformar. Es un realidad dura, lamentable, dolorosa, pero es nuestra realidad. La vida nos jugó con trampas y nos ganó esa partida, pero no nos ha derrotado totalmente. Nos levantaremos, podremos mirar el horizonte donde realmente nos ubicamos; entonces podremos decir: hemos avanzado, estamos en el camino correcto, volveremos a vivir, y nuestro hijo ausente físicamente se convertirá en el más fiel aliado y compañero, consecuente, dulce, solidario, será parte de nuestra vida infinitamente, y será por siempre la luz que iluminará nuestra existencia. De esa manera él estará tranquilo y nosotros reencontráremos el camino de la senda de la vida, una vida que está , con los seres queridos que nos rodean, con sus hechos cotidianos, una vida para nosotros diferente, pero real y que debemos hacer necesariamente posible.
Cubrimos el cuerpo con otra piel, esa piel que no exhibimos ante el mundo, hecha de tristezas y de nostalgias que nos acompañarán mientras estemos vivos, esa otra piel que describen Isabel Allende y Carlos Juan Bianchi cada uno a su manera, descifrando su dolor por la vida que igual que a nosotros, les arrebató un hijo y cuya experiencia ha sido savia y alimento para que muchos padres puedan subsistir en esta desértica travesía; y superar la sed de esperanza, el anhelo de paz y la necesidad de mirar el horizonte liberándonos de las cadenas que nos impiden despejar el camino de las dudas, culpas y reminiscencias, reinsertándonos en el mundo por los que siguen presentes y que igual a nosotros requieren atención, amor y comprensión para fortalecer el ánimo y despertar conscientes conjugando nuestra resistencia para entender que la muerte es solo una puerta de salida hacia una nueva experiencia. Y parafraseando a Nietzsche decimos el que tiene un por qué vivir, siempre encuentra el cómo hacerlo. Yo he decidido vivir con Ernestico en mi memoria, no para ocupar el tiempo en llorar su muerte sino para celebrar el maravilloso tiempo de su existencia y dar constantes gracias a Dios que haya vivido.
Un poema de Hernán Bianchi hermano de Martín, joven desaparecido prematuramente, me ubica en el espacio donde mantengo mi relación con mi nuevo mundo a raíz de la ausencia de Ernestico.
\\\"Llevo en mi oscuridad un hombre secreto, cuando la muerte sepa de mí sacudiendo prontamente los efímeros pasos, nadie podrá decir: lo conocí enteramente. Nadie\\\".

2)Reflexión – Mahatma Gandhi

La vida está hecha de pequeños gestos y la felicidad, como escribe Gandhi, es un mosaico de acciones concretas.

Toma una sonrisa, y regálasela a quien nunca la ha tenido.
Toma un rayo de sol, y hazlo volar allí donde reina la noche.
Descubre una fuente, y haz bañar a quien vive en el fango.
Toma una lágrima, y deposítala en el rostro del que no ha llorado.
Toma el valor, y ponlo en el alma del que no sabe luchar.
Descubre la vida, y cuéntasela a quien no sabe entenderla.
Toma la esperanza, y vive en su luz.
Toma la bondad, y dásela al que no sabe dar.
Descubre el amor, y hazlo conocer al mundo.
Mahatma Gandhi

3)Envía DEBBIE MARRERO

Querida Gisela: mi nombre es Debbie. Soy de Puerto Rico y mi historia es parecida a la tuya, con la diferencia de que mi hija Natalia de 17 años murió en un accidente en un “four track”. Esto ocurrió el 10 de agosto de 2008. a partir de ese día como tu bien sabes mi vida cambio por completo y desde entonces comencé a leer libros sobre este tema, buscando un alivio o un consuelo para mi alma destruida, ya he leído varios, entre ellos” un hijo no puede morir”,” La otra cara del dolor”,” La rueda de la vida”; y en mi búsqueda insaciable encontré tu libro. Con toda honestidad te digo que ha sido el mejor que describe como yo me siento. aun mi dolor esta latente y revivo a cada instante ese trágico momento, tengo crisis donde comienzo a llorar y quiero gritar hasta mas no poder, estuve hospitalizada debido a una de estas crisis. Yo dudo que mi vida pueda algún día ser la misma. a mi también me gustaría poder escribir un libro donde pueda desahogar tanto dolor y tal vez poder también aportar a tantos padres que están pasando por lo mismo que tu y yo hemos pasado. Perdona si te trato como si te conociera, pero creo que así es, nos une el mismo dolor. Me gustaría que me escribieras y que me ayudaras con tu experiencia para ver qué tengo que hacer para escribir un libro porque yo al igual que tu tengo mucho que decir. Espero con ansiedad tu respuesta. Cordialmente, Debbie Marrero.
debiemarrero@yahoo.com

¡Gracias, Debbie!
Como bien lo dices, todos tenemos una historia que contar… Pero no todos sienten la necesidad de escribir un libro. Deja fluir tus pensamientos y sentimientos, hasta que tu alma y tu corazón queden livianos… Después puedes decidir qué quieres hacer con lo que has expresado en papel.
Gisela

4)Mensaje de Adriana

Mensaje de Adriana

Buenas tardes:
Gisela, acabo de ver la pagina que creaste para tu hija Mariana, llegue a ella por medio del libro Aprendiendo a decir adiós de Marcelo Rittner, libro que me fue prestado por mi suegro. El próximo viernes mi esposo Mario cumple 3 meses de alejarse, un día salió del departamento que compartíamos y después de darle un beso me dijo \" que Dios te bendiga\". A las 7 de la tarde su papá me marcó para decirme que se había suicidado. Yo sé que mi dolor no se asemeja con el tuyo de madre, pero quiero agradecerte lo que has hecho por el recuerdo de Mariana, la página y la manera en que tratas de mantenerla viva para la gente que la conoció y quienes no, también. Saber que una madre siga de pie me da fuerzas a mí.

Y como dice el libro no hay nada más entero en el mundo que un corazón roto.

Mil gracias por tus acciones.
Adriana

5)Poema – Cantares Mexicanos

Estoy embriagado, lloro, me aflijo,
pienso, digo,
en mi interior lo encuentro:
Si yo nunca muriera,
si yo nunca desapareciera.
Allá donde no hay muerte,
allá donde ella es conquistada,
que allá vaya yo.
Si yo nunca muriera,
si yo nunca desapareciera.

Trece poetas del mundo azteca, Miguel León-Portilla

6)Envía Teresa

Sólo contarles a quienes pasaron muy recientemente la pérdida de un hijo que yo perdí un hijo de cáncer de 22 años que se puede salir que no es fácil, que un día parece que estas de la otra orilla y de pronto volvés a estar en el medio de todo sin saber cómo seguir...decirte que se puede con mucha fe en Dios a pesar que estamos muy enojados con el en ese momento, que siempre busques ayuda si la necesitas, y ese hijo que no esta físicamente es el único que esta todo los días con nosotros guardado en nuestra alma a quienes lo están pasando en este momento decirles simplemente los quiero los entiendo....

teresam729@hotmail.com

7)Historia de Martha

Me gustaría compartir contigo la historia de vida, que tuve con mi hija. Yo soy de esas personas que su sueño fue ser mamá, no doctora ni abogada ni maestra. la verdad termine una carrera porque era un requisito familiar, me case a los 20 años y nunca pude quedar embarazada. Después de 6 años adoptamos un niño (Miguel) y yo ya me daba por bien servida, era la mujer más feliz del mundo, a los cuatro años nos avisan de una niña que abandonaron en un hospital y por supuesto que no lo pensamos mucho, nos llegó sin buscarla, esa niña era para nosotros. Le pusimos Andrea. En cuanto Andrea entro a mi vida hubo una comunión entre nosotras. Fue una niña enfermiza siempre, pero no supimos el porqué, hasta el fatal desenlace. Por cuestiones de trabajo tuvimos que salir del (centro de la república) perdimos casa, negocios, y hasta familia pues ahí viven mis padres y todos mis hermanos y sobrinos. le ofrecieron trabajo a mi esposo en el norte y nos fuimos los cuatro, es como si la vida nos fuera preparando para la gran perdida. Andrea fue creciendo fue una niña muy inteligente, con mucha chispa, amiguera, buena hermana, le gustaba pintar, escribir, tejer, leer, ninguna fiesta, era la debilidad de su papá; y seguiría con una interminable lista.
Pero siempre batallaba con la salud, que si tenía alergias, que si neumonía, gripas recurrentes que se le complicaban, etc. pero a pesar de eso doy gracias a dios que hizo su vida como una niña normal. Hasta que a principios de enero 2008 empezó a sentirse mal, débil con calenturas que no le bajaban y su estomago muy inflamado, los doctores de aquí decían que gastritis pero seguía mal, me la lleve a la Cdad. de México y ahí la hospitalizaron para hacerle análisis de todo, pero ella seguía peor le subió la presión y le dieron convulsiones, tuvieron que ingresarla a terapia intensiva, y no le encontraban el problema, yo veía doctores, que el inmunólogo, el infectólogo y no sé cuantos más, hasta que me dan la noticia que mi hija tiene sida. Al parecer la madre biológica se lo trasmitió. Para cuando me dieron la noticia, Andrea ya estaba muy cansada y aunque empezaron tratamiento con retrovirales ya no pudo más.

Salí de mi casa con mi hija para un simple chequeo, y ya no regresó. Sabes que cuando yo supe que era, le pedí a dios que se la llevara, porque no quería que mi hija sufriera. Pero me quedo con la duda si supe acompañarla esos últimos momentos, si tuvo miedo, me quedo con la sensación de que me falto abrazarla más y muchas dudas más.
Se me hace injusta la vida, y viene la pregunta que nos hacemos todos ¿Por qué? ¿Por qué a ella? ¿Por qué me la da y luego me la quita? Ahora han pasado 2 años y pienso si ella viviera, el infierno que sería su vida. Pero eso no calma el dolor que siento por no tenerla conmigo. Quisiera sentirla conmigo de otra forma, me cuesta trabajo sentirla. Ni siquiera puedo rezar, ni me dan ganas de ir a la iglesia, ni hablar con nadie, no puedo pensar en ella con el pajarito que se acerca o la florecita o el día soleado. Quisiera algo más tangible. Quisiera soñarla y verla feliz. Lo más difícil es pasar por este proceso sola, porque aunque están mi esposo y mi hijo, parece que no coincidimos en nada. Cada uno expresa su dolor de forma diferente. El quisiera que salga con mis amigas y verme
diferente, pero al leer tu libro, creo que no estoy mal, ya no tengo intereses en común con ellas, y me duele verlas con sus hijas viviendo todo lo que yo quería hacer con mi hija. Andrea al igual que Mariana estaba por cumplir 15 años, le faltaban 4 meses para graduarse de secundaria. Lo único que me queda es aprender a vivir con el corazón roto y aceptar mi nueva realidad. Ahora con este vacío que siento en mi corazón y recordar un día normal
cuando estaba mi hija, me doy cuenta que eso era estar completa. Eso era ser feliz. Que no se necesita nada especial, más que estar con las personas que amas.
Te agradezco mucho tu atención y gracias por tomarte la molestia de mandar el libro.
Seguiremos en contacto,
Martha.
maopre16@hotmail.com

8)Extracto del libro \"Timbuktu\", Paul Auster

“Era la primera vez, desde la muerte de su amo, que podía pensar en esas cosas sin sentirse aplastado por la tristeza. La primera vez que había comprendido que la memoria es un lugar… un lugar real que podemos visitar; y que pasar unos momentos entre los muertos no era necesariamente algo malo. Al contrario, podía ser una fuente de felicidad y de consuelo.

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